Hay una generación de argentinos menores de 30 años a quienes no nos tocó vivir los momentos de gloria de nuestra selección de fútbol. En el 78 no lo vivimos, para el 86 algunos todavía no habíamos nacido, otros todavía no tenían conciencia. La última buena actuación en una copa del mundo nos dejó un recuerdo borroso del penal de Sensini de un torneo que no llegamos a disfrutar. Y después de ahí, cuando empezamos a tener la lucidez para grabar a fuego cada momento de gloria, sólo cosechamos decepciones. De la imagen de cómo se lo llevan al Diego al doping en EEUU 94 a la del cabezazo del Burrito Ortega en Francia 98, ambas con posterior eliminación. Pasando por la del golazo de Svensson en una fría madrugada para dejarnos afuera en la fase de grupos de Corea-Japón 2002 hasta la de la lesión del Pato Abbondanzieri para luego quedarnos afuera por penales en Alemania 2006 contra el local. Y por último la del cachetazo que nos dieron los alemanes en cuartos en Sudáfrica 2010.



Llegaba un nueva copa del mundo con las ilusiones de siempre exacerbada por tener al mejor de todos, contemporáneo nuestro. Favorecidos por un fixture accesible pasamos primeros la fase de grupos sin brillar. En octavos nos esperó Suiza con un planteo inteligente que se pudo destrabar recién en el minuto 118 del partido con un gol de Di María. Llegaban los cuartos de final, el partido que definía si jugábamos los 7 partidos del mundial o no. “Estoy cansado de comer mierda”, dijo Javier Mascherano, otro contemporáneo nuestro, en la arenga y todos nos sentimos identificados. Higuaín abrió un partido complicado y así, luego de 24 años, logramos el tan ansiado pase a las semifinales donde nos esperaba Holanda. “Este grupo ya ganó”, dijo Sabella pero el equipo quería más. Después de 120 minutos de equivalencias donde resaltó la figura de Javier Mascherano por entrega, despliegue y presencia vinieron los penales. “Hoy te convertís en héroe”, le dijo al Chiquito Romero quien atajó dos y el penal de Maxi Rodríguez sentenció el pase a la final.



Al igual que en las últimas dos finales nos toca jugar con la tan temida Alemania, quien viene con confianza luego de vapulear a Brasil en semis. Es favorita en las apuestas pero como dicen, “el fútbol es el arte de lo imprevisto” y confiamos en nuestro equipo. Por sobre todo, sin importar el resultado, nuestra generación va a estar agradecida y orgullosa de estos jugadores porque cuando les pregunte cuál es su imagen de este mundial algunos me nombrarán al león de Mascherano emocionado luego de dejar la vida en semis y otros me dirán que sueñan con ver a Messi levantando la copa, pero todos tendremos, por primera vez, un grato recuerdo de una copa del mundo.



Acerca del Autor

Martín Perri | Co-fundador de SinRutina

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